química cerebral del enamoramiento

El hipotálamo genera sustancias que provocan empatía, presume especialista de la UNAM
Científico mexicano explora química cerebral del enamoramiento
La oxitocina y la vasopresina participan en las sensaciones afectivas hacia la pareja y los hijos
El sistema límbico valora si las circunstancias son favorables o adversas a los individuos
De la Redacción
 
Periódico La Jornada
Miércoles 9 de febrero de 2011, p. 2
El amor a primera vista es un mito. Los sentimientos siguen siendo un amplio campo de estudio, pues en realidad sólo conocemos algunos de los procesos cerebrales y de las sustancias que influyen en el enamoramiento, afirma Alfonso Escobar Izquierdo, de la Academia Mexicana de Ciencias.
De acuerdo con la Real Academia Española, el amor es el sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
Sin embargo –dice Escobar Izquierdo–, esto depende de la experiencia de cada individuo; está influido por el ambiente. Los sentimientos son distintos en cada persona, aunque hay coincidencias que las acercan.
Experimentar emociones, como amor, odio o de otro tipo, requiere la activación de muchas estructuras cerebrales interconectadas ampliamente, las cuales se ven influidas por la carga informativa que el humano acumula por medio de los sentidos.
Cuando hay química
La forma de sentir es diferente en cada persona. Sin duda, explica Escobar Izquierdo, investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), las coincidencias nos hacen mantenernos en una relación sentimental.
El científico asegura que cuando las personas dicen tenemos química, tratan de explicar que hay afinidad entre dos sujetos, lo cual activa neurotransmisores. En el hipotálamo hay unas sustancias capaces de generar empatía hacia otras personas, pero eso no está comprobado, no lo sabemos con precisión.
Explica que hay estudios que hablan de núcleos relacionados con sitios de placer en el cerebro, los cuales se estimulan en una relación; por ejemplo, la dopamina, la cual se sabe que participa directamente. Para contextualizar los datos de los procesos químicos que ocurren en el cerebro, Escobar refiere que en febrero de 2008, en la revista Ciencia y desarrollo, el conocimiento a tu alcance –editada por el Conacyt–, un artículo explica que fue el estudio de Wilder Penfield, neurocirujano del Instituto Neurológico de Montreal, Canadá, el que dio la primera pauta de que el cerebro posee áreas generadoras de estados afectivos.
El artículo, escrito en colaboración con Carolina Escobar Briones, narra que el análisis fue realizado en pacientes sometidos a cirugía cerebral para el tratamiento de epilepsia. En esos casos, durante la operación –que incluyó apertura de la cavidad craneana– se hicieron registros por medio de electrodos aplicados sobre la superficie cerebral.
En el texto también se relata que Penfield descubrió que la estimulación de la corteza prefrontal, sobre todo en el hemisferio izquierdo, generaba estados emocionales afectivos. Esto se logró porque los pacientes sólo habían recibido anestesia local, pues era requisito que permanecieran totalmente conscientes durante el procedimiento quirúrgico, por lo que fue posible conocer las sensaciones o pensamientos que les provocaba la estimulación.
A este hallazgo exploratorio de una función cerebral específica se sumaron otros de gran interés que confirmaron observaciones clínicas conocidas de antemano; entre ellas, que la corteza prefrontal participa en el surgimiento de emociones de todo tipo, asociadas a los patrones de conducta, tanto los considerados normales como los anormales.
Estudios ulteriores demostraron que otras estructuras cerebrales también participan en respuestas como la generación y la asignación del valor afectivo a distintas emociones que el ser humano puede experimentar.
En términos generales, todas esas estructuras forman parte de lo que llamamos sistema límbico, conjunto primitivo del cerebro que permite valorar en diversas circunstancias si las condiciones son favorables o negativas para el individuo, las cuales en consecuencia, le producen estados de placer o desagrado.
Las sustancias químicas producidas en el cerebro –neurotransmisores– participan activamente en el proceso del amor romántico y en los mecanismos que conllevan al acercamiento sexual entre dos individuos enamorados.
En el tallo cerebral, la dopamina –neurotransmisor elaborado en una zona denominada área tegmental ventral– se descarga en los núcleos accumbens de los hemisferios cerebrales para producir euforia, bienestar y placer en el amor romántico de pareja, así como en el acto sexual.
Otro neurotransmisor causante en la sensación amorosa es la serotonina o 5-hidroxitriptamina (5HT), responsable del estado melancólico y de la conducta obsesivo-compulsiva, ambos manifiestos durante este proceso emocional.
El hipotálamo fabrica dos hormonas: oxitocina y vasopresina, cuyas funciones regulan la contracción uterina, la expulsión de leche durante el periodo de lactancia y el equilibrio de los líquidos del cuerpo. También participan en los mecanismos del amor, ya que confieren a los individuos el apego tanto hacia la pareja como al bebé en la conducta materna.
Por otro lado, durante el acto sexual aumenta la secreción de oxitocina, lo cual indica lo complejo del proceso cerebral en el enamoramiento.
No es tarea fácil definir qué es emoción. Hasta el momento sólo se conocen los múltiples factores que influyen o determinan la manifestación de un estado emocional; sin embargo, existe controversia sobre el significado de cada uno de ellos.
Lo que sí se sabe es que el entorno y la experiencia propia son dos de los más importantes factores causantes de la generación de emociones.

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1 comentario:

Constelaciones Gestalt Transpersonal dijo...

De acuerdo con la Real Academia Española, el amor es el sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear. (...) el entorno y la experiencia propia son dos de los más importantes factores causantes de la generación de emociones.